El
23 de enero Shandon se encontraba inspeccionando las obras en los astilleros.
La espesa niebla no impidió que viera a un hombre bajo, grueso, de cara fina y
alegre y mirada amable, que se dirigió a él, le cogió las dos manos y las
sacudió con vigor. Aquel hombrecillo parecía ser francés.
El
personaje hablaba con vehemencia, y gesticulaba como un molino de viento. Sus
ojos pequeños y su boca grande parecían válvulas de escape que le permitían
desprenderse del exceso de energía. Hablaba, y hablaba tanto y tan alegremente,
que Shandon no entendía palabra.
Pero
el segundo del Forward no tardó en identificar a aquel hombrecillo a quien no
había visto nunca. Una luz iluminó su espíritu, y, aprovechando el momento que
necesitaba el otro para respirar, Shandon preguntó.
-¿El
doctor Clawbonny?
-¡El
mismo en persona! ¡Más de un cuarto de hora lo he estado buscando! ¡Cinco
minutos más y me vuelvo loco! ¿Conque Ud. es el comandante Ricardo? ¿Conque
existe realmente? ¿No es un mito? ¡Su mano, su mano! ¡Es la mano de Ricardo
Shandon! ¡Sí, hay un comandante y hay un bergantín Forward!
-Sí,
doctor, yo soy Shandon, y hay un bergantín Forward que partirá.
-Es
lo lógico -respondió el doctor-. Estoy muy contento. Hacía mucho tiempo que
esperaba esta coyuntura, y deseaba emprender el viaje que voy a llevar a cabo.
-Permítame...
-dijo Shandon.
-Con
Ud. -repuso Clawbonny, sin cuidarse de lo que le decía su interlocutor- estamos
seguros de ir lejos y de no retroceder nunca.
-Pero...
-repuso Shandon-.
El
doctor seguía con su torrente de palabras.
-Porque
usted es un valiente marino, comandante.
-Pero
no se trata ahora de eso -dijo Shandon impaciente.
-¿De
qué se trata, entonces?
-¡Diablos!
¡Si usted no me deja hablar! Dígame, doctor, ¿quién lo ha inducido a tomar
parte en la expedición del Forward?
-¿Quién?
Una carta, una carta de un bravo capitán. Sin decir más, el doctor entregó a Shandon
una carta escrita en los siguientes términos:
Inverness,
27 de enero de 1860.
"Al
doctor Clawbonny.
"Liverpool.
"Si
quiere embarcarse en el Forward para una larga expedición, puede presentarse al
comandante Ricardo Shandon, quien ha recibido ya las instrucciones respectivas.
"El
capitán del Forward.
K.Z.”
-Recibí
la carta esta mañana, y ya estoy aquí dispuesto a pasar a bordo del Forward.
-Pero
al menos, doctor -repuso Shandon-, usted sabe cuál es el objeto de este
viaje...
-No
sé nada; pero, ¿qué importa? Dicen que soy un sabio, pero se equivocan; yo no
sé nada.
Pero
se me ofrece completar, o, por mejor decir, rehacer mis conocimientos en
medicina, en cirugía, en historia, en geografía, en botánica, en mineralogía,
en geodesia, en química en física, en mecánica, en hidrografía, y yo acepto el
ofrecimiento sin hacerme de rogar.
-Entonces
-repuso Shandon-, ¿tampoco sabe usted adónde va el Forward?
-Sí,
comandante; va adonde hay que aprender, y qué descubrir, va donde se encuentran
otras costumbres, otras comarcas, otros pueblos, para estudiarlos en el ejercicio
de sus funciones; va, en una palabra, adonde yo no he ido nunca.
Aventuras
del Capitán Hatteras
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